Primero fue Timothy Geithner, el que tenía que ser secretario del Tesoro. Más tarde, Nancy Killefer de 55 años y senadora del distrito de Columbia. Y, por último, Tom Daschle que renúncia a dirigir Sanidad debido también a los problemas que ha tenido, últimamente, con Hacienda entorno a pagos que no ha realizado.
Daschle, ha sido víctima, al igual que Killefer y Geithner, de un mal uso de su poder - por no decir abuso - en sus etapas anteriores. Lo que en nuestro país le llamaríamos '''corrupción'' o, si me permitís, una estafa al resto de conciudadanos y, por lo tanto, contribuyentes. Pero, veamos cual es la diferencia respecto al caso americano y, sobretodo, la forma en la que se ha gestionado dicha situación.
Todos tenemos muy presentes el 'caso Maddof', que sin duda tuvo un revuelo mediático sin precedentes. Pues bien, resulta que dicho escándalo acabó por destapar un sinfín de ''jugarretas'' al estilo más Al Capone que se recuerda. Seria la equivalencia, de lo que en el siglo XIX eran los gabellotti - recolectores de impuestos, que administraban las propiedades de los aristócratas-. Lo que en su origen tenían que ser unos simples administradores y gestores de dichos bienes - inclusive con funciones de mediadores entre los campesinos y los mismos aristócratas - acabaron por convertirse en bandas de extorsión y recaudadores a sueldo sin escrúpulos...¿les recuerda algo eso?.
Haciendo un salto temporal, y volviendo al siglo XXI, casos como 'Maddof', Geithner, Killefer, o Daschle no son ya excepciones, ni tampoco hace falta mirar hacía el otro lado del Atlántico para encontrar casos de mal uso - para decirlo finamente - del dinero privado y púbico. Claro, pero siempre hay que decir la diferencia, y como siempre por mal la palma se la lleva el país en el que hubo un día en el que el sol nunca se ponía - citando palabras textuales de un rey cuyo nombre no quiero acordarme -. Y es que siempre criticamos a los de USA, por diferentes raones, y no lo discuto. Pero si en algo aún nos aventajan es en el reconocimiento de lo bueno y malo que tienen y hacen. Y es que si aquí aun no hemos aprendido a que no hay cosa mas sabia que reconocer un error, parece que lo de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra se cumple a la perfección...bueno o quizá con un matiz. En vez de burro, ponerle el sustantivo que mejor creéis. Pero en esto sí que los americanos no son burros. O por lo menos, los que ahora parecen querer coger las riendas del país.
Obama hizo célebre la frase Yes, we can (Sí, nosotros podemos), y que tant popular llegó a hacerse en todo el mundo. Y es que a veces las frases más simples, más cortas y, aparentemente, sin mucho contenido, pueden ser las más efectivas. Pero digo aparentemente sin contenido, porque ha resultado emerger una nueva forma de hacer política. Seguramente, la frase en si parece que dice mucho y a la vez no dice nada. Muy bonita pero poco de concreción. Hasta que descubrimos los contenidos implícitos que había en dicha frase. El 'sí, nosotros podemos', quiere decir 'sí, nosotros podemos reconocer nuestros fallos', 'sí, nosotros podemos ser honestos y cautos', sí, nosotros podemos cambiar el país des de la lealtad, la transparencia, y el buen hacer'. Éste es el mensaje más patriótico que he escuchado en mi vida. Seguro que hay algunos muchos, al otro lado del Océano infinito, que bajan la cabeza y dicen con voz renqueante y cobarde: ''Nosotros no podemos''.
